domingo, 25 de diciembre de 2016

Juegos para aprender

César, Ignacio, Emilia son mis maestros. Cuando empiezo a teorizar, sus caras aburridas me recuerdan que estoy siendo muy abstracta. Gracias a eso recuerdo que tengo que jugar. Comenzamos un juego de mesa, o uno de saltos, o un acertijo...depende del ánimo que tengamos. Después del juego nuestra energía esta dispuesta de nuevo para descubrir cualquier cosa nueva. Para mí, saltar la cuerda puede ser un pretexto para aprender el pulso musical, las carreras de relevos pueden ser una oportunidad de descubrir cómo trabajar en equipo y afrontar las frustraciones individuales, con un dominó hacemos cuentas matemáticas... Cuando jugamos, siempre descubrimos inmensos conocimientos, sondeamos en experiencias emocionales, desarrollamos habilidades.

Haberme dedicado a dar clases a niños y adultos en escuelas, tal
leres, clases de instrumento, durante los últimos 10 años me ha ayudado a comprobar algo que ya intuía desde niña (y que contrasté con mi experiencia en la secundaria, preparatoria y universidad): no hay mejor manera de aprender que jugar. Para fortuna del ser humano, también es una magnífica manera de enseñar.

¿Quién es el "maestro"?


Cuando hablo de jugar no estoy persiguiendo una "gamificación" del aula (aunque recomiendo a profesores que investiguen los principios y las herramientas que esta visión ha dado. Ver https://game.classcraft.com/home). Ni siquiera creo que sólo los juegos estructurados sean mi objetivo. Me refiero a cualquier actividad que se hace con diversión, ludicidad, sentido del humor, implicación emocional, cuerpo, practicidad.
Cada maestro, padre, amigo, que nos comparta sus descubrimientos de esta manera, estará aplicando los principios que ahora la pedagogía y la neuro psicología reconocen como técnicas efectivas de enseñanza (ver "El cerebro necesita emocionarse para aprender").

Aprender es algo inevitable, lo hacemos todo el tiempo, incluso desde antes de nacer...pero a veces se nos olvida que no tendría por qué convertirse en una tarea aburrida.
Apender jugando es ¡super divertido!, y -además- es una de las maneras más efectivas para quedarse de por vida, para ser algo realmente significativo.


Hacer algo y enseñarlo a otros, asegura un aprendizaje eficaz

Hay temas tremendamente apasionantes (como las matemáticas o la historia) que, por alguna razón, no saboreamos, gozamos, jugamos.
Más de una vez en las escuelas donde estudié o di clases me repitieron "tienes que seguir indicaciones, hacer las cosas a la manera de (alguien más)  , seguir la tradición...aunque no sea realmente tu estilo, aunque no entiendas, aunque te aburras". Pero ¡el disfrute se contagia! ¿Cómo esperamos convidar a un niño el goce por  (cualquier cosa)  si lo enseñamos sentados, aburridos, preocupados, enojados?

Regresando al estado de juego, la creatividad puede despertar. De esa manera es posible apropiarnos de nuestros procesos de desarrollo, de construir creativamente nuestro conocimiento, de inventar nuestra "enseñanza".

Cuando aprendimos a hablar, caminar, o comer, lo aprendimos haciéndolo, no teorizando. Nadie nos explicó "el mecanismo exacto por el que nuestro aparato de fonación es capaz de...". ¿Qué pasaría si les enseñaramos a hablar a los niños?
La manera de adquirir nuevas habilidades o conocimientos naturalmente es a partir de la experiencia. De ahí la importancia del juego libre y el tiempo de esparcimiento.
El Constructivismo propone, para potenciar nuestro aprendizaje, que aprovechemos esa experiencia inicial y agreguemos la observación posterior.


John Holt, y su visión del juego

Mi observación me ha permitido descubrir que se aprende más jugando que estudiando, y es un error pensar que deberíamos dejar de divertirnos y pasar a "cosas de adultos" en cuanto nos sea posible. Sigo identificándome con mentes dispuestas a cuestionarse para qué dejar de jugar, de apasionarse, de explorar (si tú eres una persona así, me encantaría leerte. Abre tus manos, comenta este blog). 


André Stern, autor de "Jamás fui a la escuela"



El cerebro necesita emocionarse para aprender. 

¿Qué pasaría si enseñaramos a hablar a los niños?

¿Quieren que los niños escuchen más y se inquieten menos? Prueben más recesos...esta escuela lo hizo (en inglés).

Se aprende más jugando que estudiando. Entrevista a Francesco Tonucci (parte 1).

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